¿ Por qué no se debe drenar una turbera?

En condicionales naturales, las turberas retienen agua a medida que se va acumulando turba a través de cientos o incluso miles de años, lo cual permite que el nivel freático se mantenga cerca de la superficie, como se observa en la figura de la página anterior.

La estabilidad en el nivel freático se mantiene durante todo el año, incluso en verano donde el agua es más escasa. En temporada seca el nivel freático puede bajar unos centímetros, pero suele recuperarse con el regreso de las lluvias y siempre estará más cerca de la superficie que en los terrenos aledaños a la turbera.

Sin embargo, cambios de uso de suelo para transformar la turbera con fines comerciales, como la modificación para labores agrícolas (plantaciones de papa), plantaciones forestales (eucaliptos), u obras civiles (construcción de caminos o puentes), pueden generar daños irreparables al ecosistema.

Dichas actividades van desde el drenaje de la turbera, para hacer más duro y transitable el terreno o facilitar la plantación, hasta la extracción o remoción de turba para construir caminos, lo que conlleva inevitablemente a la pérdida del agua acumulada y una fuerte caída en el nivel freático.

Además, cuando se extrae la turba, los restos que quedan expuestos en la superficie comienzan rápidamente a descomponerse y a emitir una gran cantidad de gases, como el dióxido de carbono, a lo que se suma el alto riesgo de incendio de la turba seca. En Chile, recientemente se aprobó una ley que prohíbe extraer la turba en cualquier lugar del país. Con esta medida se evitará generar un daño irreversible a las turberas, sin embargo, se debe estar atento a otras actividades que de manera directa o indirecta puedan ir secando el humedal. Una turbera sana es una turbera saturada de agua durante gran parte del año.